Cuando escucho conversaciones sobre relaciones, hay una frase que aparece con más frecuencia de lo que imaginaba.
“Sí me gusta esta persona, pero no sé muy bien qué quiero yo.”
Al principio pensé que esa frase hablaba de una falta de seguridad sobre la otra persona. Tal vez la pareja actuaba de forma ambigua, tal vez la relación era inestable, o tal vez los sentimientos aún no eran lo suficientemente profundos.
Pero después de ver de cerca a personas de mi entorno salir con alguien, terminar relaciones y preparar matrimonios, empecé a pensar que no siempre se trataba solo de la otra persona.
Hay personas que siguen sintiéndose inseguras incluso cuando están con alguien bastante bueno. La otra persona no ha hecho nada gravemente malo, pero un pequeño cambio en el tono de voz puede arruinarles el día. En cambio, hay personas que logran mantenerse más estables incluso cuando aparece un conflicto. Pueden decir que algo les dolió, reconocer lo que no encaja y no perder por completo lo que quieren cuando la relación se mueve.
La diferencia no estaba solo en cuánto amor recibían.
También importaba cuánto se conocían a sí mismas.
Las personas que saben en qué tipo de relación se sienten cómodas, qué palabras les generan ansiedad, qué tipo de vida desean y qué límites no pueden cruzar sin sufrir, parecen menos propensas a dejarse arrastrar por la relación. En cambio, cuando los propios criterios son borrosos, la reacción de la pareja puede convertirse fácilmente en el criterio principal.
Este texto no dice que haya que entenderse perfectamente para amar bien. Más bien, si el amor o el matrimonio te hacen tambalear una y otra vez, quizá no solo haya que preguntar “¿cuánto me quiere esta persona?”, sino también “¿qué tipo de persona soy yo?”.
Una amiga que se sentía insegura aunque quería a su pareja
Una amiga mía era de esas personas que se adaptan mucho cuando empiezan una relación.
Al principio parecía una forma de cariño. Comía lo que a su pareja le gustaba, iba a los lugares a los que la otra persona quería ir y ajustaba incluso su forma de comunicarse. Solía decir lo mismo.
“A mí me da igual.”
El problema apareció con el tiempo.
Al principio, quizá de verdad le daba igual. Pero poco a poco su expresión empezó a verse más cansada. Como los fines de semana giraban alrededor de los planes de su pareja, casi no tenía tiempo para descansar sola. Aunque quería comer algo, no lo decía porque “seguro a él no le gusta tanto”. Aunque responder mensajes le resultaba agotador, seguía contestando para no parecer fría.
Un día dijo algo que se me quedó grabado.
“Me gusta, pero últimamente ya no sé ni qué me gusta a mí.”
Esa frase se me quedó en la cabeza.
No era que hubiera dejado de querer a su pareja. Tampoco era una relación simplemente mala. Pero dentro de la relación, sus propios criterios se habían vuelto demasiado borrosos.
No sabía hasta dónde podía adaptarse, qué tiempo necesitaba proteger para sí misma ni qué incomodidades debía expresar. Así que siguió avanzando en la dirección que la otra persona quería, hasta que ya no podía distinguir si elegía algo porque realmente lo quería o porque tenía miedo de perder la relación.
Desde fuera, una relación así puede parecer tranquila.
No hay muchas peleas, una persona se adapta bien y no parece haber grandes conflictos.
Pero por dentro se acumula cansancio. Porque aparece la sensación de estar desapareciendo poco a poco.
Adaptarse no es lo mismo que perderse
Cuando empieza una relación, es natural adaptarse un poco a la otra persona.
Vas a lugares a los que normalmente no irías, pruebas comida que a tu pareja le gusta y haces un esfuerzo por ajustar ritmos. Ese proceso también forma parte de construir una relación.
El problema aparece cuando no se distingue entre adaptarse y perderse.
Adaptarse significa elegir sin dejar de conocerse.
“Normalmente prefiero descansar en casa, pero esta semana tú tienes muchas ganas de ir, así que voy contigo.” “Las llamadas largas todos los días me cansan un poco, pero me gusta hablar un rato antes de dormir.” “Me gustan las citas tranquilas, pero de vez en cuando está bien ver a tus amigos.”
Eso es adaptarse.
Perderse es seguir los criterios de la otra persona sin saber qué quieres tú.
Quedas porque la otra persona quiere quedar. No dices nada porque tal vez se sienta herida. Finges que algo te gusta porque a la otra persona le gusta. Al principio parece una forma de cuidar la relación, pero con el tiempo dejas de encontrar tus propios sentimientos.
Y luego todo estalla.
“¿Por qué siempre soy yo quien se adapta?” “Siempre he seguido tus criterios.” “Siento que yo no existo en esta relación.”
Para la otra persona puede ser desconcertante, porque hasta entonces habías dicho que todo estaba bien.
Por eso importa el autoconocimiento. Tienes que saber quién eres para saber hasta dónde puedes ceder. Tienes que conocer tus criterios para poder explicarlos.
Cuando no te conoces, la reacción de tu pareja se vuelve tu criterio
Cuando sales con alguien sin conocerte bien, las reacciones de tu pareja pueden volverse demasiado grandes.
Si responde tarde, piensas que hiciste algo mal. Si parece cansada, piensas que sus sentimientos cambiaron. Si quiere tiempo a solas, sientes que no eres suficiente.
Por supuesto, a veces la conducta de la pareja sí genera inseguridad. Una actitud ambigua, la indiferencia repetida o las promesas rotas pueden herir a cualquiera.
Pero en otras ocasiones, un pequeño cambio de la otra persona toca una incertidumbre que ya estaba dentro de ti.
Si no sabes bien quién eres, qué quieres en una relación ni hasta dónde puedes aceptar, el estado de ánimo de tu pareja se convierte en tu propio estado de ánimo.
Si te trata con cariño, sientes que eres una persona valiosa. Si se muestra fría, sientes que algo está mal contigo. Entonces la relación puede convertirse más en un espacio de confirmación constante que en un espacio de amor.
“¿Me quieres?” “¿Estamos bien?” “¿Por qué últimamente pareces diferente?”
Estas preguntas no son malas. Todo el mundo necesita seguridad a veces.
Pero si necesitas confirmación todo el tiempo, quizá no solo haya que mirar el amor de la otra persona, sino también tus propios criterios internos.
¿En qué momentos me pongo ansioso? ¿Cómo siento el cariño? ¿Cuánto contacto y cuánto tiempo juntos necesito para sentirme estable? ¿Interpreto el tiempo a solas como rechazo?
Cuando sabes estas cosas, puedes expresarte con más precisión.
“No es solo que respondas tarde. Me siento inseguro cuando pasa todo un día sin ninguna explicación.” “No necesito hablar mucho todos los días, pero si estás ocupado, un mensaje corto me ayuda a sentirme tranquilo.” “Necesito tiempo a solas, pero eso no significa que mis sentimientos hayan cambiado.”
El autoconocimiento ayuda a expresar mejor las emociones. Y cuanto más precisa es la expresión, menos se tambalea la relación.
La preparación para el matrimonio vuelve más claros tus criterios
En el noviazgo, los sentimientos pueden cubrir muchas cosas.
Como te gusta la persona, cedes. Como quieres verla, te adaptas. Como algo parece incómodo de hablar, lo dejas para después.
Pero cuando empieza la preparación para el matrimonio, los criterios personales se vuelven mucho más importantes.
Dónde vivir. Cómo manejar el dinero. Qué pensar sobre los hijos. Qué distancia mantener con ambas familias. Cómo dividir las tareas del hogar. En qué etapas priorizar la carrera o la familia.
Todas estas preguntas llevan a una más profunda.
“¿Qué tipo de vida quiero?”
Conocí a una pareja que estaba preparando su matrimonio. Se querían, llevaban mucho tiempo juntos y hablar de casarse había surgido de forma natural. Pero cuando empezaron a buscar casa, las conversaciones se trababan con frecuencia.
Una persona valoraba por encima de todo que el trayecto al trabajo fuera cómodo. La casa podía ser un poco más pequeña y el barrio no tenía que ser especial, siempre que redujera el cansancio diario.
La otra persona valoraba más el entorno. Aunque estuviera más lejos, quería un barrio tranquilo, una casa más amplia y un lugar donde poder caminar los fines de semana.
Al principio parecía simplemente una diferencia sobre la vivienda.
Pero al hablar más, apareció una diferencia más profunda.
Una persona quería “una vida menos agotadora entre semana”. La otra quería “una vida en la que la casa fuera un lugar de recuperación”.
Ninguna de las dos estaba equivocada. El problema era que al principio no podían explicar bien por qué eso era importante para cada una.
“¿Por qué solo buscas cerca del trabajo?” “¿Por qué insistes en irte tan lejos?”
Cuando hablaban así, la conversación se convertía en pelea.
Luego el diálogo cambió.
“Para mí la energía entre semana es muy importante. Si el trayecto se alarga mucho, creo que me volveré más irritable.” “Necesito sentir que la casa es un lugar donde puedo recuperarme. Si no, la vida matrimonial me va a parecer inestable.”
Solo entonces pudieron empezar a negociar.
Conocer tus criterios no es ser terco. Es poder explicar por qué algo te importa.
Las personas con autoconocimiento se derrumban menos durante el conflicto
El conflicto es inevitable en una relación.
Aunque dos personas se quieran, pueden tener estilos de vida, formas de hablar y puntos sensibles distintos.
Cuando el autoconocimiento es débil, un conflicto puede sentirse demasiado grande.
Si tu pareja dice que algo le dolió, puedes escucharlo como “no soy suficiente”. Si quiere estar sola, puedes sentir que se cansó de ti. Si tienen opiniones distintas, puedes saltar a la idea de que quizá no son compatibles.
En cambio, una persona con ciertos criterios internos puede ver el conflicto de otra manera.
“Yo me pongo ansioso en este tipo de situación.” “Me vuelvo defensivo cuando siento que me ignoran.” “Me siento más seguro cuando hablamos del conflicto pronto.” “Mi pareja quizá necesita tiempo para ordenar sus emociones.”
Cuando puedes verlo así, el conflicto no se siente inmediatamente como el fracaso de la relación.
Claro que puede doler y puede dar rabia. Pero esas emociones no sacuden tan fácilmente todo tu valor personal.
El autoconocimiento no elimina los conflictos. Más bien ayuda a no perderte dentro de ellos.
Necesitas saber qué tipo de relación te hace sentir cómodo
Encontrar una buena persona importa. Pero saber qué tipo de relación encaja contigo también importa.
Algunas personas se sienten seguras con contacto frecuente y encuentros frecuentes. Otras se sienten más cómodas cuando existe una distancia adecuada.
Algunas personas necesitan hablar del conflicto enseguida. Otras solo pueden hablar bien después de que sus emociones se calman.
Algunas personas se sienten tranquilas cuando planifican juntas. Otras se sienten presionadas si todo está demasiado planificado.
No se trata de quién tiene razón.
El problema aparece cuando no sabes qué tipo de persona eres y simplemente te dejas llevar.
Una persona que necesita mucho contacto puede sentirse sola con alguien que casi no se comunica. Una persona que necesita tiempo a solas puede sentirse asfixiada en una relación de constante cercanía. Una persona que necesita resolver rápido los conflictos puede sentirse abandonada con alguien que guarda silencio.
Por eso, a veces la atracción no es suficiente.
Importa si esa persona te atrae, pero también importa en qué tipo de persona te conviertes cuando estás con ella.
¿Me siento más cómodo con esta persona? ¿Más ansioso? ¿Más honesto? ¿Más pendiente de su reacción? ¿Mi vida se amplía o se va haciendo más pequeña?
Estas preguntas ayudan a ver la relación con más realismo.
Cosas prácticas que puedes hacer para conocerte mejor
El autoconocimiento puede sonar grande, pero no tiene que empezar con algo difícil.
Lo primero que puedes hacer es escribir los momentos en los que te tambaleas una y otra vez.
¿Qué palabras me vuelven sensible? ¿En qué situaciones me siento abandonado? ¿Qué tipo de persona suele atraerme? ¿Qué suelo callar cuando estoy en una relación? ¿Cómo actúo cuando acumulo heridas?
Al escribir estas preguntas, los patrones aparecen con más claridad.
Algunas personas siempre se sienten atraídas por personas ocupadas. Al principio, esa energía y ambición parecen atractivas. Más tarde, sienten que quedaron en segundo plano.
Otras se sienten atraídas por personas que expresan poco. Al principio parecen tranquilas. Más tarde, uno empieza a necesitar confirmación todo el tiempo.
Otras empiezan una relación adaptándose. Al principio todo parece pacífico. Luego se acumula la pregunta: “¿Por qué siempre cedo yo?”
Solo notar estos patrones ya puede cambiar algo.
Tal vez no cambies perfectamente en la siguiente relación, pero al menos puedes detenerte un momento.
“Estoy diciendo que está bien otra vez, pero en realidad no está bien.” “Estoy fingiendo que me gusta porque a mi pareja le gusta.” “¿Me gusta esta persona o quiero que esta persona me elija?”
Esa pequeña pausa importa.
El test MATE puede darte lenguaje para explicarte
Conocerte no significa decidir de una vez: “Soy este tipo de persona.”
Significa entender con más claridad cómo sientes seguridad en una relación, qué situaciones te generan ansiedad y qué ritmo de vida encaja contigo.
El test MATE puede ayudarte a poner estas cosas en palabras.
¿Estoy más cerca de un estilo de cercanía o de independencia? Cuando hay conflicto, ¿necesito hablar de inmediato o necesito tiempo para ordenar mis emociones? ¿Prefiero una relación planificada o una dinámica más flexible? ¿Cuánta expresión y confirmación espero de mi pareja?
Cuando sabes estas cosas, las conversaciones se vuelven menos vagas.
En lugar de decir “¿por qué escribes así?”, puedes decir: “Yo me siento seguro cuando hay conexión frecuente, y tú pareces sentirte más cómodo cuando tienes tiempo a solas. ¿Podemos encontrar un punto medio?”
En lugar de decir “¿por qué te quedas callado después de pelear?”, puedes decir: “Yo me siento tranquilo cuando resolvemos pronto, pero tú necesitas tiempo. ¿Qué tal si descansamos un rato y acordamos volver a hablar después?”
El test no resuelve la relación por ti. Pero puede ofrecer buenas preguntas para empezar a entenderte.
Y una buena pregunta puede hacer que la relación tiemble menos.
No hace falta entenderte por completo para empezar una relación
No necesitas conocerte perfectamente para tener una buena relación.
De hecho, muchas veces las relaciones profundizan el autoconocimiento. Al querer a alguien, sentirte herido, adaptarte, pelear y reconciliarte, descubres qué tipo de persona eres.
El problema no es no saberlo todo.
El problema es no saberlo y seguir fingiendo que no pasa nada.
Si te vuelves inseguro siempre en el mismo punto, no culpes solo a la otra persona. Si te adaptas hasta agotarte, pregúntate por qué no pudiste expresar tus criterios desde el principio. Si las reacciones de tu pareja te sacuden demasiado, mira cuánto estándar interno tienes.
Esa actitud importa.
El amor no tiene por qué ser un proceso de perderte. También puede ser un proceso de conocerte mejor.
Una buena relación no te borra. Más bien, te ayuda a verte con más claridad.
Conclusión: una buena relación empieza por no perderte
Antes pensaba que, para tener una buena relación, lo más importante era conocer a una buena persona.
Y claro que eso importa. La persona que eliges es muy importante.
Pero hay otra pregunta igual de importante.
“¿Qué tipo de persona soy yo?”
¿En qué tipo de relación me siento cómodo? ¿Qué palabras me vuelven inseguro? ¿Qué tipo de vida quiero? ¿Hasta dónde puedo adaptarme y desde dónde necesito protegerme?
Si no sabes esto, puedes tambalearte incluso con una buena persona. Aunque la otra persona no sea mala, puedes volverte borroso dentro de la relación.
Una persona que se conoce bien no es alguien que nunca se mueve. Es alguien que tiene un lugar al que volver cuando se mueve.
“¿Por qué estoy ansioso ahora?” “¿Esto es un problema de mi pareja o un miedo mío?” “¿Sigo siendo yo dentro de esta relación?” “¿Qué quiero de verdad?”
Quien puede hacerse estas preguntas se derrumba menos dentro de una relación.
El amor y el matrimonio son una vida que construyen dos personas. Para que esa vida sea sana, entender a la otra persona importa, pero entenderte a ti también.
Una buena relación no empieza renunciando a ti.
Empieza con conocerte mejor y encontrarte con la otra persona desde ese lugar.
También te puede interesar:
- Entender tus patrones de pareja cambia tus relaciones
- ¿Existe realmente una 'edad ideal' para casarse?
Preguntas frecuentes
Q. ¿Significa esto que no debería empezar una relación si no me entiendo bien?
No. La experiencia amorosa en sí puede ayudarte a conocerte mejor. Pero si en las relaciones te sientes ansioso una y otra vez, o sientes que te pierdes, conviene mirar no solo el comportamiento de la otra persona, sino también qué tan claros son tus propios criterios.
Q. ¿Por dónde puedo empezar para conocerme mejor?
Lo más fácil es registrar emociones y situaciones que se repiten. Qué palabras te hieren, qué tipo de persona suele atraerte, en qué situaciones te sientes inseguro. Al escribirlo, los patrones de relación empiezan a verse con más claridad.
Q. ¿Qué hago si siento que mis criterios se vuelven borrosos durante una relación?
Primero intenta asegurar un poco de tiempo a solas. Mantén actividades fuera de la relación y escribe qué te gusta y qué te incomoda. Adaptarse a alguien y perderse no son lo mismo, así que conviene volver a revisar pequeños criterios.
Q. ¿Decir mis criterios puede parecer egoísta?
Depende de cómo lo expreses. “Voy a hacer lo que quiera” no es lo mismo que “en esta situación yo me siento así”. Un criterio claro puede convertirse en información útil para la relación. Callarlo todo y explotar después puede ser mucho más pesado para la pareja.
Q. ¿Cómo ayuda el test MATE al autoconocimiento?
El test MATE te ayuda a pensar en cómo sientes seguridad en una relación, cómo manejas los conflictos y si tiendes más hacia la cercanía o la independencia. No da una respuesta definitiva, pero puede ser un buen punto de partida para hablar de las diferencias entre tú y tu pareja.